EL SOLO RUMOR DE SU CANDIDATURA PRESIDENCIAL ASUSTÓ A MUCHOS Y HASTA LOS FURIBUNDOS ATEOS SE SANTIGUARON
Oscar Hincapié Velásquez
Nunca antes un personaje de la vida nacional había levantado
tánta polvareda como el actual Procurador general de la nación Alejandro
Ordóñez. Calificado como ultraderechista y con un largo historial de
actuaciones po lo menos deconcertantes no vacila un solo
momento en defender a capa y espada sus principios y creencias que, aseguran, influyen en su accionar al frente del Ministerio
Público y sus críticos consideran que se desvirtúa así el verdadero sentido de las funciones
que debe cumplir este Despacho.
Sus controversiales actuaciones frente a la opinión pública
surgen por los temas sensibles de todos lados. Hace poco se
dijo que estaba negando el holocausto judío. Fue de tal magnitud que la
Confederación de comunidades judías intervino, se allegaron los pro y contras y
al final fumaron la pipa de la paz: “En ningún momento he negado el holocausto
judío”, dijo y todos contentos. Temas como la dosis personal, el aborto, las
parejas del mismo sexo le han servido para exhibir sus creencias que expone sin
tapujos, aún con encontrones como cuando defendió su derecho a oponerse al
aborto y una tutela por obstaculizar decisiones de la Corte Constitucional en
este sentido lo obligaron a retractarse lo cual hizo en forma por demás inteligente. Sus críticas frenteras a los diálogos
gobierno-guerrilla de La Habana calientan el ambiente a diario y permanentemente dice que si en este proceso hay impunidad y no se repara a las víctimas él prefiere renunciar.

Alejandro Ordóñez no es ahora
candidato presidencial pero la polémica está servida y sus detractores dicen
que sería una amenaza para la democracia y hasta se jactan aún con su hipotética
renuncia, al tiempo que su legión de admiradores lo ven como un valiente y
demócrata que defiende valores y principios esenciales en la nacionalidad
colombiana.
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